viernes, 8 de agosto de 2008
9 Razones del porqué los juegos son en Beijing?
domingo, 6 de julio de 2008
La Revolución, la Negociación y la Falsificación…Se parecen pero no son lo mismo
Durante los últimos enfrentamientos entre las fuerzas del bien y el mal, de los despechados y los vencedores, de los correctos y los desvirtuados, se oyeron los ecos de los discursos más vacíos que podemos recordar… ¡La revolución no se transa! Muchos acudieron a aquel llamado, y se escondieron quien sabe donde para urdir su plan de lucha, que mas bien era de ocultamiento. Otros dijeron ¡Debemos dar la cara!, y desde oscuros pasillos se salvaron el pellejo quedando bien con Dios y con el Diablo. Otro resto de aquellos invencibles o invisibles caballeros o tipos, señalaron que era preferible ponerse al margen. ¿Cuándo sucedió esto?, hoy y ayer, esperemos que no ocurra mañana.
miércoles, 2 de julio de 2008
Destino
viernes, 27 de junio de 2008
Desde la Jaula [Triste y pobre animal]
domingo, 22 de junio de 2008
El Dinosaurio [Demasiado Breve]
sábado, 21 de junio de 2008
Esperanza en el Futuro. Historia anónima de un feliz cumpleaños.
El noventa, con la vuelta a
domingo, 15 de junio de 2008
La trama (Texto Completo)
Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.
FIN Jorge Luis Borges
Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por lo impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.
Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.
FIN Jorge Luis Borges
viernes, 13 de junio de 2008
TORNILLO Y MACILLA
La niña postrada en su silla miraba por la ventana de su pieza, observaba la bahía, la que su mamá nunca llevó a conocer por temor a las burlas de los otros niños que pasaban ahí jugando entre arena y conchitas. No odiaba a su mamá por eso, entendía que su deber era protegerla y que había cedido parte de su vida hace años atrás, y a cambio solo le había pedido sus piernas. El narrador, sentado junto a su cama, lloraba de solo recoradar lo que años atrás debió narrar, escenas de llanto, que nunca logró sacar de sus cuentos, pero hoy era distinto…tenía que ser distinto.
De entre los rincones de un cajón la niña quitó un trozo de macilla, jugando con ella de dedo en dedo, se fue haciendo moldeable, sus manos eran ásperas producto de la fricción a diario en sus manos, pero a cambio le habían premiado con imaginación e inteligencia. Modeló con mucha paciencia una canoa, rápidamente hizo los remos y se dispuso a abordarlo, de entre su silla tomó un tornillo, con el hizo un mástil para su barquito, y con una vela con el envoltorio de un caramelo, que olvido comer hace ya un par de días.
Subió a la pequeña nave y se dispuso a cruzar los océanos, el oleaje era poderoso, pero la niña era valiente, se puso de pie…Comenzó a remar con fuerza, con mucha fuerza tal vez…porque lo remos comenzaron a desarmarse con el agua…pero su viaje debía continuar.
Con sus manos comenzó a remar, y así estuvo no sabe cuantos días…hasta que por sobre el horizonte apareció una isla, una isla enorme, como solo en sueños conocía…a llegar a la orilla, arrojo con tristeza el tornillo al mar, para que las olas no se llevaran su barquito, el tornillo fiel a su costumbre sería el ancla.
Por sobre el arena, que se metía húmeda por entre sus dedos, vio algas y conchitas, esperaba encontrarse con Gülliver o con Robinsón Crusoe, tal vez con Sandokán, como fuese esta aventura era la más emocionante que sus jóvenes años le permitían.
Camino entrando en la selva que vestía aquellas tierras, y logró divisar una serie de animales, de muchos sabía sus nombres, otros los recordaba de un viejo libro.
Pronto llegó la noche y recordó que su barquito se encontraba aun junto al mar. Caminó de regreso y encontró su nave sostenida fuertemente del tornillo, la arrastró hasta la orilla, y tomó de sus costados un trocito con el que se fabricó un escudo, se puso el tornillo al cinto y se dispuso a cazar.
Caminando entre la gruesa niebla, producto de la humedad, escucho un crujir de ramas, sabía que su presa se encontraba cerca, sintió la respiración en la espalda, se puso alerta, puso atención a todo, tomó el tornillo por la base y se protegió con el escudo, camino con cuidado de no hacer ruido… Se asomó con sigilo por sobre las matas que rodeaban la guarida de su enemigo, esperaba el inevitable enfrenamiento. De pronto como si no fuese posible oyó a la distancia:
- ¿Qué haces ahí?, ¿porque siempre haces esto? Tomando su barquito entre sus manos.
- Pero…pero mamá.
- Pero nada esto se va a la basura.
- No ves que lo necesito.
- No me mientas, es solo un tornillo y macilla.
La niña se acomodó en la silla y volvió a mirar por la ventana.
jueves, 12 de junio de 2008
¿Porque nunca sales?
En cada pueblo existe algo que le identifica. En el mío, por ejemplo, cada año celebramos el carnaval de invierno, donde cada uno sale con su mascara, saltando y bailando por la ciudad. Esa noche cada uno hace lo que quiere, pues nadie conoce tu identidad, vivimos felices.
Hace unos años atrás, justamente en invierno, visite otro pueblo, era más grande y ruidoso, vivían su propio carnaval, cada uno hacía lo que quería, pero no lo pasaban bien. Creo que mejor dicho, sufrían mucho por aquello. Me dijeron que en realidad, no andaban con máscaras, que siempre era igual. Yo corrí.
Por eso, nunca más salí, amo a mi pueblito.
EHD
jueves, 5 de junio de 2008
Madre
Cuando tengo hambre, su puedo como. Cuando tengo sueño, pues, duermo. Cuando alguien me mira, lo miro y cuando quiero decir algo, lo callo. Porque mi madre me dijo siempre, ¡qepd! (“Que en Paz Descanse” me dijo un colectivero que significaba), que si no tenía algo importante que decir me lo callara. En la medida de mis posibilidades paso el día feliz. Es verdad que no tengo casa, es verdad que no tengo ropas que lucir, es verdad que a veces siento que nada importa demasiado, es verdad que cuando siento ganas de tener algo, lo reprimo. Nunca he tenido nada realmente valioso.Desde hace 12.045 días habito en este mundo, evito decirlo en años, porque una vez un hombre vestido de riguroso negro me dijo, que esta era la edad de Jesús, y yo no quiero ser como él. Porque él murió de forma dolorosa por otros. Yo no quiero morir, no es que me encante mi vida, pero morir debe ser pero, por eso me escondo aquí.
De vez en cuando vienen unos jóvenes, más inteligentes y más lindos que yo a decirme que somos hermanos. Yo me pregunto ¿Cómo hermanos, si yo nací solo? Ellos me dicen, que ya no estoy solo. Y luego se van. Es rara la gente.
Hay algunos que me tienen lástima, incluso les arranco lágrimas, pero que saben ellos, viven en las mismas condiciones que yo, pero lo esconden bajo sus disfraces pagados a cuotas. Si hay algo que mi mamá me enseño, que Dios la guarde, es la honestidad.
El hombre en (de, a ) la Luna
Cuando el hombre caminó sobre
Un día la razón me dijo que era necesario cambiar el orden en que las cosas se encontraban, porque nos generaban la angustia permanente de no saber hacia donde nos dirigíamos. Todos sabemos lo angustioso de caminar en medio del bosque en una noche sin luna, o al menos creemos saberlo, porque yo nunca lo he hecho. Me empeñé en la tarea de diseñar un mundo nuevo, cree para el plazas, bibliotecas, hospitales y cuanto fuera necesario, pensé en como subsistiríamos, y encontré la manera, pensé en cual era la causa de nuestros pesares, y la eliminé.
Cuando acabe mi obra, corrí, corrí con desesperación hacia donde todos corremos cuando tenemos cosas que decir, y que todos quieren escuchar, hacia dentro de mi mismo. Eso me volvió a llenar de las inseguridades que siempre nos embargan, cuando creemos descubrir algo tremendo. Me cuestioné ¿Galileo, Newton o Darwin, tuvieron miedo de gritar al mundo su verdad?
Una fuerza insospechada brotó de mi corrí hacia la calle, grité a los cuatro vientos lo que había descubierto…y una bala certera me atravesó el corazón, caí desvanecido por el impacto. Meses después comprendí lo que pasó y se lo relate a usted señor.
- ¿Como? Yo a usted no lo conozco, y por lo demás usted me parece un simple loco.
Y esa fue la segunda bala que trastocó mi corazón, desde allí vago sin memoria por los rincones del mundo, esperando que alguien tome mi corazón y le de un aliento vital.
EHD
